Auténtica empatía

Con el barbijo cubriéndole el mentón, una joven señora hablaba con otra, muy cerca de mí, mientras aguardaba el turno para ingresar al Banco, la otra mañana. Nerviosa e inconforme ante esta situación de pandemia del Covid 19 por la que estamos atravesando, no pude dejar de oír sus exclamaciones:

–¡No se aguanta más esto! Habría que dejar liberado todo, y que cada uno haga lo que quiera. ¡Te tienen encerrada todo el día y no nos dejan ser lo que queremos! ¿Te parece justo que debamos acatar lo que otros, que nada tienen que ver en tu vida, te ordenan?

La otra mujer, con el tapabocas correctamente colocado, la escuchaba en silencio, tanto como otras personas que, a unos metros de allí, no intervenían. La dejó hablar hasta que, se ve, no pudo más y la paró en seco.

–No creo que sea tan así. No pienso como vos. Eso mismo se lo escuché decir a una chica, de acá a la vuelta, y resulta que después tuvo que tragarse sus palabras. En una de esas no pasa nada, es cierto, ¿pero si pasa?, en caso de infecciones, vamos “a caer todos juntos” a las clínicas, a los hospitales. Vivimos pidiendo aplausos para los médicos, enfermeros, personal de la salud… ¡y “nos cantamos” en su propia cara.

–No va a pasar nada, ¡te lo aseguro!

–Mirá: puede ser que no pase nada. Pero, ¿si pasa? ¿Vas a venir vos a mi casa a sanarme, vas a ir vos a las casas de los contagiados, de “tus contagiados” a curarlos? No, querida: vas a caer a una de las clínicas, y si con suerte tenés lugar, ahí te van a atender. Ya hay ejemplos de que esto llegó y no está como para burlas. Eso sí: creeme que ahí sí se te van a terminar tus derechos a salir y a ser libre… Ojalá que nunca te pase, ni a vos ni a nadie, pero nadie está exento.

–Bueno, este… Está bien lo que pensás, estás en tu derecho, pero…

–¡Claro que está bien! –la interrumpió nuevamente. Yo no soy más que vos, no soy más que nadie. Y no me siento capaz de transmitirle a otro, o a otros, un virus que podría ser mortal. Todavía tengo cargo de conciencia. ¡Ah!, y si el virus me afecta, será porque él me buscó, y no porque yo lo busqué a él.

Final de la conversación. Nadie dijo nada.

Justo me tocó ingresar a la entidad bancaria y, mientras operaba el cajero automático, aplaudí en silencio a aquella mujer que, pese a estar allí, puso en vereda a su ocasional interlocutora, dictándole una cátedra de madurez y empatía. Al menos, desde mi punto de vista. Desconozco qué sucederá en el futuro, pero por las dudas, hoy elijo la cautela. Me tildarán de miedoso: no me interesa un bledo. Les deseo lo mejor.

Feliz Primavera a todos. Y cuídense, porque esto no es broma.

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