Los ordenadores son inútiles. Sólo pueden darte respuestas. --- Pablo Picasso (1881-1973) Pintor español.
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Victimismo: un flagelo de esta época
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Hay quienes se pasan la vida protestando y rebelando contra el destino. No se cansan de echar en cara a sus padres el no haber recibido todo el amor y apoyo. Acusan a la sociedad de no haberles facilitado las oportunidades a “las que tenían derecho”. Y siempre son “los otros” los culpables de sus desgracias. Viven su vida desde el banquillo de los acusadores. Pase lo que pase, de una manera o de otra, el contexto no habrá de cambiar: “los otros” tendrán la obligación de asumir -injustamente- sus flagelos, llámese gobierno, autoridades, familia, cónyuge, vecinos... ¿Será que el victimismo es una sombría característica de nuestra época?...
Acerca de los libros
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Para muchos, los libros son “artefactos con tendencia a la desaparición, obsoletos e incómodos”, algunos con necesidad de almacenar en oscuros rincones, inaccesibles, porque “ocupan mucho lugar”. Para otros, por fortuna, son valores incalculables que, en la bolsa de la cultura, cotizan a valor dólar. Internet carece de la magia innata en un libro de papel. Uno nunca sabe cuándo serán requeridos: allí estarán, esperándonos, con su sabiduría a cuestas. Así que cuídelos, si es que los tiene consigo… y algo mejor: ábralos, ¡y léalos!...
El sentido de su vida
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Cuando lo esté pasando mal, es posible que piense que las cosas malas sólo le ocurren a usted, o pueda creer que no vale nada ante los ojos de los demás. Estos pensamientos solamente le invitarán a ingresar en una espiral negativa de la que le costará salir. Trate de buscar metas realistas y actividades que le agraden: hay muchas, económicas o gratuitas, divertidas e instructivas… En definitiva… ¡busque el sentido de su vida y demuéstrese a sí mismo que es capaz de superarse! Sé que sencillo es decir todo esto y aun entiendo que arduo es aplicarlo, pero caer en la desesperación es el peor de los efectos. Tal vez esté dentro suyo un correcto desenlace...
Una cosa, ¡u otra!...
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Ha llegado el momento en el que los noticieros me causan gracia, una gracia con sabor a bronca, a impotencia… un cóctel que deja con ganas de agarrar el televisor y arrojarlo al piso… o al menos, a cambiar de canal y estampar en la pantalla una película de ciencia ficción. ¿Por qué expreso este punto de vista?: sucedió hoy al mediodía. En un bloque informativo de un noticiero de Córdoba capital, un puñado de periodistas expresaba su extrema amargura porque la gente “no llega a fin de mes y ni siquiera le alcanza para comprar el más mínimo sustento”, cayendo debajo de la línea de la pobreza. Punto y aparte. Al cabo de aquel drástico y agorero informe, los mismos profesionales de la comunicación “cruzan de vereda” y demuestran su indisimulable preocupación en función de que muchísima gente, injustamente, “no puede acceder al cupo de los 200 dólares mensuales”, con sus trabas, dimes y diretes. No estoy en condiciones de opinar sobre economía; sí, me mueve la orientación informativa que es...
Fake News, ¡es falso!, no lo difunda...
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De moda, cautivan y nos tientan a difundirlas. Las noticias falsas, conocidas también con el anglicismo fake news, son un tipo de patraña que consiste en un contenido pseudoperiodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales y cuyo objetivo es la desinformación. Por lo general, se diseñan y emiten con la intención deliberada de engañar, inducir a error, manipular decisiones personales, desprestigiar o enaltecer a una institución, entidad o persona u obtener ganancias económicas o rédito político. Al presentar hechos falsos como si fueran reales, son consideradas una amenaza a la credibilidad de los medios serios y los periodistas profesionales, a la vez que un desafío para el público receptor. La difusión de noticias falsas con el objeto de influir en las conductas de una comunidad tiene antecedentes desde la antigüedad, pero dado que su alcance está relacionado directamente con los medios de reproducción de información propios d...
Algo habrán hecho...
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“Yo, ¡a tu edad!… ”. Frase trillada que más de uno debió soportar en no pocas ocasiones... Resulta un falso argumento de anacronismo que justifica y resiste, con uñas y dientes, a cualquier crítica potencial a la historia personal de quien la emite (quien juega con una ventaja: es imposible conocer dicha historia, jamás escrita, jamás contada, encima, sin evidencias electrónicas como las que abundan en estos "días de gloria"). Sin dudas, de poder ver lo que hicieron antes, ¡nos encontraríamos con cada perlita! ... El principio es “los jóvenes tienen la culpa de todo” . ¡Y no hay uno que quede excluido de tal muletilla, por más que la justicia le juegue a su favor!...
Auténtica empatía
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Con el barbijo cubriéndole el mentón, una joven señora hablaba con otra, muy cerca de mí, mientras aguardaba el turno para ingresar al Banco, la otra mañana. Nerviosa e inconforme ante esta situación de pandemia del Covid 19 por la que estamos atravesando, no pude dejar de oír sus exclamaciones: –¡No se aguanta más esto! Habría que dejar liberado todo, y que cada uno haga lo que quiera. ¡Te tienen encerrada todo el día y no nos dejan ser lo que queremos! ¿Te parece justo que debamos acatar lo que otros, que nada tienen que ver en tu vida, te ordenan? La otra mujer, con el tapabocas correctamente colocado, la escuchaba en silencio, tanto como otras personas que, a unos metros de allí, no intervenían. La dejó hablar hasta que, se ve, no pudo más y la paró en seco . –No creo que sea tan así. No pienso como vos. Eso mismo se lo escuché decir a una chica, de acá a la vuelta, y resulta que después tuvo que tragarse sus palabras. En una de esas no pasa nada, es cierto, ¿pero si pasa?, en caso...
Tratar de conformarse con lo que hay...
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Lo último es rendirse. Las ganas locas de triunfar acaban cuando la mediocridad gana terreno e impone su juego. No obstante, jamás uno debe bajar los brazos y entregarse a los brazos de la impotencia. Sé de gente que, acostumbrada a vivir en una constante superioridad, supo decaer apenas sufrió el primer infortunio. ¿Será que a mí me han correspondidos unos cuantos azotes en mis cinco décadas con cuatro décimas? Nadie despliega una vida ideal, ni siquiera los multimillonarios, que todo tienen a su alcance con sólo emitir un suspiro. Consiento que las cosas se les facilitan, y mucho, sin embargo algunos sucumbieron ante crisis internas o cegados por pretender conquistar una porción mayor a su poderío. Nunca tienen lo suficiente como para disfrutar de sus beneficios en paz consigo mismos y con quienes lo rodean. Ni siquiera emplean parte de su tiempo para hacer el bien. Pasan a ser estos energúmenos, unos pobres miserables… No bajar los brazos y tratar de conformarse con lo poco o ...
El hippie moderno
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Dicen que los hippies de los 60 eran, en su mayoría, jóvenes de familias de clase media o bien acomodadas, y lo eran porque podían permitirse el lujo de serlo. No pocos de ellos lo eran con la tarjeta de crédito entre los dientes y capaces de mantenerse vendiendo piezas de artesanía hechas a mano en mercadillos o a pie de calle, pero claro... no solo vivían de eso, ya que sus vicios más bien caros, eran progenitores quienes, en realidad, los financiaban mientras esperaban pacientemente a que su hijo, o hija, sentase algún día la cabeza, construyese una familia y se convirtiese en una persona "de bien" con un empleo respetable. Los tiempos han cambiado, y también los hippies. Si en los ‘60 el movimiento surgió como protesta a las guerras (concretamente a la de Vietnam) y en contra de un capitalismo salvaje y de un consumismo excesivo y poco sostenible, los hippies de la actualidad lo son porque no queda otra y huelgan los “subsidios”. Ah, pero... ¿que no hay hippies ahora? Ech...
Ciclos sin final
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Por instinto natural, cuando somos niños nos perturbaba el deseo de ser grandes y no disfrutábamos se aquella natural etapa: ¡la de ser chicos!... Una vez que ingresamos a la adultez, comenzamos a valorar lo que antes vivimos, con las dulces y amargas situaciones. Rescatamos los detalles bonitos de esas épocas y arrojamos “debajo de la cama” los aspectos negativos. Y, por esas cosas, allende la pequeñez, comenzamos a entender a nuestros padres cuando hablaban de su época y de lo lindo que la pasaban, y de algunas negatividades de su época presente… esa misma que nosotros adorábamos porque… ¡porque éramos niños! Simplemente por eso. Puntos de vista disímiles. Hoy vemos nuestra época como la mejor. Y el presente como algo totalmente inferior. Y nuestros hijos harán lo mismo cuando grandes. Creo que es el ciclo de la vida que cumple su rol de manera usual. Desconocemos como eran sus tiempos y hasta ridiculizábamos su forma de pensar hacia él. ¡Vaya paradoja del destino!: tal vez ahora e...
El olvido inexorable
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Suele suceder, tristemente muy a menudo, que los muertos ajenos pasan rápidamente a morar en la galería del olvido colectivo. Hasta cabría esta calificación a los muertos propios, a los cercanos, quizá no en la inmediatez: el tiempo todo lo borra. Y no se trata de llevar flores a la tumba. No. El olvido sentimental, el afectivo, es el que da pie al olvido más espantoso que podamos sufrir por parte de los que vienen marchando de atrás, a paso firme. La muerte suele marcar la división de lo que se es y lo que se dejará de ser. Al trasvasar su frontera, la vida pasa a ser simplemente pasado: presente y futuro dejan de existir. ¿Es tan importante el pasado? Para una sociedad que lleva a cabo un incansable y notorio hincapié en el devenir, la respuesta es negativa. ¿Quién habrá de acordarse de los que ya no están? Obrarán en la memoria quebradiza de sus afectos, hasta que sus propias memorias echan vuelo al mismo cielo del olvido… Las generaciones se suceden, y aquellos mártires de antaño p...
Sin tiempo para el aburrimiento
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¡Qué bello es sumergirse en el mundo de la lectura! Con ella, no hay espacio para el aburrimiento. No obstante, abarca ésta sólo la mitad de mi camino, pues en el carril opuesto, y en la misma dirección, casi desde el principio, está la necesidad de relatar mis propios universos, esos que aparecen de repente en mi cabeza y no hay forma de que desaparezcan hasta que les doy forma “a golpe de letra”. Tras un libro que nos hace soñar, amar, llorar, odiar… figura el sueño, la lucha, la pasión de otra persona. No voy a perderme en comparaciones de por qué los que jugamos en este lado de la vereda lo hacemos. Sinceramente, ¡no lo sé! No me considero nadie especial, ni creo que tenga una sensibilidad distinta. Es algo que necesito hacer. Si no escribiera, la vida se me quedaría corta, me ahogaría con mis propias emociones, moriría un poquito cada día. Escribir es un modo de vida, es expulsar el yo interior al vasto mundo, cruento, difícil, aunque maravilloso y abierto a que lo exploremos las...