Hay quienes se pasan la vida protestando y rebelando contra el destino. No se cansan de echar en cara a sus padres el no haber recibido todo el amor y apoyo. Acusan a la sociedad de no haberles facilitado las oportunidades a “las que tenían derecho”. Y siempre son “los otros” los culpables de sus desgracias. Viven su vida desde el banquillo de los acusadores. Pase lo que pase, de una manera o de otra, el contexto no habrá de cambiar: “los otros” tendrán la obligación de asumir -injustamente- sus flagelos, llámese gobierno, autoridades, familia, cónyuge, vecinos... ¿Será que el victimismo es una sombría característica de nuestra época?...
Con el barbijo cubriéndole el mentón, una joven señora hablaba con otra, muy cerca de mí, mientras aguardaba el turno para ingresar al Banco, la otra mañana. Nerviosa e inconforme ante esta situación de pandemia del Covid 19 por la que estamos atravesando, no pude dejar de oír sus exclamaciones: –¡No se aguanta más esto! Habría que dejar liberado todo, y que cada uno haga lo que quiera. ¡Te tienen encerrada todo el día y no nos dejan ser lo que queremos! ¿Te parece justo que debamos acatar lo que otros, que nada tienen que ver en tu vida, te ordenan? La otra mujer, con el tapabocas correctamente colocado, la escuchaba en silencio, tanto como otras personas que, a unos metros de allí, no intervenían. La dejó hablar hasta que, se ve, no pudo más y la paró en seco . –No creo que sea tan así. No pienso como vos. Eso mismo se lo escuché decir a una chica, de acá a la vuelta, y resulta que después tuvo que tragarse sus palabras. En una de esas no pasa nada, es cierto, ¿pero si pasa?, en caso...
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