Ciclos sin final
Por instinto natural, cuando somos niños nos perturbaba el deseo de ser grandes y no disfrutábamos se aquella natural etapa: ¡la de ser chicos!... Una vez que ingresamos a la adultez, comenzamos a valorar lo que antes vivimos, con las dulces y amargas situaciones. Rescatamos los detalles bonitos de esas épocas y arrojamos “debajo de la cama” los aspectos negativos.
Y, por esas cosas, allende la pequeñez, comenzamos a entender a nuestros padres cuando hablaban de su época y de lo lindo que la pasaban, y de algunas negatividades de su época presente… esa misma que nosotros adorábamos porque… ¡porque éramos niños! Simplemente por eso.
Puntos de vista disímiles.
Hoy vemos nuestra época como la mejor. Y el presente como algo totalmente inferior. Y nuestros hijos harán lo mismo cuando grandes. Creo que es el ciclo de la vida que cumple su rol de manera usual. Desconocemos como eran sus tiempos y hasta ridiculizábamos su forma de pensar hacia él. ¡Vaya paradoja del destino!: tal vez ahora empezamos a imitarlos y a añorar nuestra infancia. Y nuestros hijos harán lo mismo con los suyos y... otra vuelta de tuerca.
Efectivamente: Es el ciclo de la vida que viene repitiéndose desde tiempos inmemoriales.
Todo es normal. ¡Todo!...
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