Tratar de conformarse con lo que hay...
Lo último es rendirse. Las ganas locas de triunfar acaban cuando la mediocridad gana terreno e impone su juego. No obstante, jamás uno debe bajar los brazos y entregarse a los brazos de la impotencia.
Sé de gente que, acostumbrada a vivir en una constante superioridad, supo decaer apenas sufrió el primer infortunio.
¿Será que a mí me han correspondidos unos cuantos azotes en mis cinco décadas con cuatro décimas?
Nadie despliega una vida ideal, ni siquiera los multimillonarios, que todo tienen a su alcance con sólo emitir un suspiro. Consiento que las cosas se les facilitan, y mucho, sin embargo algunos sucumbieron ante crisis internas o cegados por pretender conquistar una porción mayor a su poderío. Nunca tienen lo suficiente como para disfrutar de sus beneficios en paz consigo mismos y con quienes lo rodean. Ni siquiera emplean parte de su tiempo para hacer el bien. Pasan a ser estos energúmenos, unos pobres miserables…
No bajar los brazos y tratar de conformarse con lo poco o mucho que se tiene: esa es la meta, a la que muy pocos desean adherir.
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